De la indigencia a ser un prospecto top del draft de la NFL: Javon Kinlaw

PHOENIX -- Javon Kinlaw tiene recuerdos de la infancia- disparos, cadáveres, agujas, adictos- en los que no quiere pensar. No los bloquea. Simplemente no quiere hablar de ellos. Le dan pesadillas. Lo despiertan con sudor frío. Es lo que él llama su trauma. Y no quiere ir por ese camino.

"No me siento cómodo hablando de muchas cosas como esas", dijo Kinlaw.

Kinlaw, un tackle defensivo de Carolina del Sur proyectado por Mel Kiper Jr. de ESPN y Todd McShay para ser seleccionado en las primeras 20 selecciones del draft de la NFL el próximo mes, está muy lejos de aquella parte de su infancia donde estaba sin hogar en Washington, D.C. Está sentado frente a una cesta de alitas medianas, su segunda, y una cesta de papas fritas. Está devorándolas como lo hizo con las líneas ofensivas durante su temporada senior con los Gamecocks. Su cuerpo de 6 pies-5, 324 libras apenas cabe en la butaca, pero no quiere hacer su vida más fácil al mudarse a una mesa. No es una sorpresa; su vida nunca ha sido fácil.

Es mediados de febrero y vive en Arizona, preparándose para el draft y buscando un lugar para pescar. Entrena por la mañana y hace cosas como ir al dentista por la tarde. Pasaba todo su tiempo preparándose para su pro day el 19 de marzo, que fue cancelado a medida que se extendía la pandemia del coronavirus. Kinlaw, un All-American de primer equipo como senior, no se probó durante el NFL Combine en febrero debido a una tendinitis en la rodilla, por lo que su día profesional debía responder a cualquier pregunta final de ntro del campo.

Es más que probable que siga siendo una elección de primera ronda y que firme un contrato que cambiará su vida, la vida de su hija, la vida de sus futuros nietos y un par de generaciones más en el camino.

"Sé que voy a conseguir algún tipo de dinero", dijo Kinlaw. "La forma en que estoy programado, he estado abajo, como abajo mal, abajo mal. Mal como donde nadie debería estar. Vivía en sótanos. No importa cuál sea la cantidad de dinero, voy a estar agradecido. Puedo conseguirme un lugar donde vivir.

Independientemente de dónde vaya a estar, voy a encontrarme un lugar donde vivir. Por lo tanto, no me importa qué cantidad es”.

Creciendo sin hogar

Kinlaw no siempre estuvo sin hogar. Vivió en un apartamento en el área de Washington, D.C., con su madre y uno de sus hermanos mayores, Shaquille, hasta los 7 u 8 años de edad. Cuando su casero vendió el edificio, terminaron en una casa que el abuelo de Kinlaw le había vendido al amigo de su madre antes de regresar a Trinidad.

Pero la casa pronto comenzó a desmoronarse. El techo se derrumbó.

Tuvieron que mudarse de nuevo. Tenía 9 o 10 años. Pasaría tiempo sin electricidad ni agua corriente. Usaba la manguera de su vecino para llenar los botes de agua para traer de vuelta a la casa en la que vivía.

"Teníamos gas, una estufa de gas", dijo Kinlaw. "Encendíamos la estufa con un fósforo o algo, tomaríamos una olla alta, hervíamos el agua, la mezclamos con agua fría, la metíamos en una cubeta, la llevábamos al piso de arriba y así tomábamos una ducha”.

Sólo recibía ropa nueva al comienzo del año escolar y tendría que durarle. Rotaba entre un par de jeans, un par de shorts, una sudadera con capucha y algunas camisas. Pero siempre tenía muchos calcetines.

Kinlaw vivía en sótanos y con amigos. No se quejaba con su madre, que se mudó a los Estados Unidos desde Trinidad en 1995, de que no tenía zapatos nuevos o deseaba que su vida fuera mejor. No pidió más comida o una chamarra, porque sabía la respuesta.

"Realmente no creo que fuera tan malo a pesar de que pasamos por mucho", dijo Kinlaw. "Porque, para mí, eso es lo que era. No me importaban esas cosas. Aún no me importan. Estábamos tan acostumbrados a vivir así. Quiero decir, si estuviera viviendo así ahora, todavía no me molestaría porque ya sé lo que se siente. A pesar de que era así, tuvimos muchos días buenos. No fue realmente ... quiero decir, fue malo”.

"Para la siguiente persona, probablemente podrías decir que fue horrible. Pero para mí no creo que fuera tan malo”. Pero comenzó a desarrollar algunos malos hábitos y se metió en problemas. Iba al metro con su hermano alrededor de D.C. para faltar a la escuela, saltando el torniquete si no tenía suficiente dinero para un boleto. A veces se montaban al metro sólo para mantenerse calientes. Si iba a la escuela y no era el "payaso de clase", se iba al baño durante media hora a la vez para evitar estar en clase.

Algo necesitaba cambiar.

Encontrando el Futbol Americano

En medio del noveno grado, Kinlaw se mudó a Carolina del Sur para vivir con su padre, George. Se suponía que era una forma de escapar de las calles del noreste de Washington, D.C. En cambio, Kinlaw se encontró en otra situación terrible. Sus entrenadores en Goose Creek High School en Carolina del Sur dijeron que recuerdan haber oído que el padre de Kinlaw era alcohólico y que se ponía físico con él a veces, que la novia con la que viva no quería a Javon cerca.

Terminó viviendo con un compañero de equipo durante su último año.

En la escuela, Kinlaw fue acosado por niños mayores debido a su tamaño (280 libras), su ropa y sus zapatos. Los profesores dudaban de él.

"Mucha gente solía decirme, como, 'No vas a hacer nada. Podrías estar en la cárcel. Probablemente vas a estar muerto, no vas a graduarte de la universidad'", dijo Kinlaw.

Kinlaw quería jugar Pop Warner cuando era niño, pero su madre no podía pagarlo. Su carrera como jugador de futbol americano comenzó como estudiante de segundo año en Goose Creek porque era algo que hacer, una manera para él de pasar el tiempo sin meterse en problemas.

Chuck Reedy, el entrenador en jefe de Goose Creek durante la segunda y tercera temporada de Kinlaw, no endulzó la habilidad de Kinlaw cuando se unió al equipo: no era bueno. Pero el tamaño de Kinlaw atrajo la atención de universidades, incluyendo la del ex entrenador de Carolina del Sur Steve Spurrier. Cuando el hijo de Spurrier, Steve Spurrier, Jr., le ofreció una beca, Kinlaw ni siquiera estaba seguro de lo que le hablaba.

"Yo estaba como, '¿Qué quieres ofrecerme?'" Kinlaw recuerda. "Porque yo no sabía de lo que estaba hablando. Yo pensaba como si estuviera hablando de ... no sabía de qué estaba hablándome, pero no sabía que iba a ser como una beca de football".

Aun así, Kinlaw tenía dificultades fuera del campo según Chris Candor, el entrenador en jefe de Goose Creek durante la temporada senior de Kinlaw. Candor dijo que los maestros, entrenadores asistentes y un utilero del equipo acudieron a él pidiendo que Kinlaw fuera expulsado del equipo debido a las calificaciones, falta de esfuerzo o enfrentamientos. Candor se rehusó. El fútbol era lo único que Kinlaw tenía, explicaba.

"Viniendo de donde vengo, no puedes confiar en nadie", dijo Kinlaw. "Si terminas confiando en la persona equivocada, terminas muerto. Por supuesto, siempre estaba a la defensiva todo el tiempo. De eso vengo. Eso era natural para mí, siempre estar a la defensiva".

Eso, y mudarse tanto como lo hacía, hizo difícil hacer amigos. Trató de contar todas las escuelas a las que fue: cuatro escuelas primarias, dos escuelas secundarias y tres preparatorias. Llegó al punto en que dejó de intentar hacer amigos.

Con ofertas de Alabama, USC, Louisville, Maryland, Clemson, Ole Miss, South Carolina, Tennessee y Florida, Kinlaw abandonó Goose Creek a mitad de su último año.

Enderezándose

Kinlaw no empezó a confiar en la gente, especialmente en los entrenadores, hasta que fue a Jones College, una universidad en Mississippi.

Hubo mejoría, pero no siempre fue fácil.

Después de Kinlaw se convirtió en un U.S. Army All-American, junto con Candor y el nuevo entrenador de Carolina del Sur Will Muschamp, ideó un plan para salir de Goose Creek tras el primer semestre de su último año e inscribirse a Jones, donde tomó el GED (General Educational Development Test ) y pasó el siguiente año consiguiendo su título de asociado. El plan se ideo en cuestión de días.

Ir a Jones fue el comienzo de su maduración, dijo Kinlaw. Empezó a enderezarse. Se le advirtió rápidamente en Jones que, si continuaba siendo la misma persona que era en Goose Creek, sería enviado a casa. Esa amenaza lo golpeó con fuerza; no tenía a donde más ir.

Jones no sólo preparó a Kinlaw para el football. Lo preparó para la vida.

"Si alguna vez hubo alguien que necesitara estructura", dijo el entrenador de Jones Steve Buckley, "era él".

Kinlaw fue a Mississippi sin una identificación o un certificado de nacimiento, el cual todavía no tiene. Allí aprendió a conducir.

Dejó a Jones siendo un hombre nuevo. Estaba siguiendo instrucciones. Confiando en la gente. Dando un mejor esfuerzo en el campo.

También estaba más pesado.

Después de estar buscando comida la mayor parte de su vida, Kinlaw podía comer todo lo que quería en Jones, aunque al principio no lo sabía. Kinlaw no comió los primeros dos días en Jones porque pensó que tenía que pagar por la comida. Llamó a Muschamp, quien le pidió una pizza y luego le explicó cómo funcionaba una cafetería universitaria.

"¿Toda esta comida era gratis? Empecé a volverme loco", dijo Kinlaw.

Toda la pizza que podía comer, pollo frito los miércoles, bagre los viernes. No dejaba de comer. Kinlaw se presentó a Jones en la primavera de 2016 pesando 280 libras y luego jugó futbol americano ese otoño en 305 libras.

Al año siguiente, Kinlaw llegó a la Universidad de Carolina del Sur pesando 347 libras. Y además de estar fuera de forma comenzó a volver a algunos de sus viejos malos hábitos.

Trataba de simplemente sobrellevar las reuniones de equipo. Estaba en su teléfono. Recargaba la cabeza sobre la pared e intentaba dormir.

Su llamada de atención en Carolina del Sur llegó durante su primer campamento de otoño. Estaba siendo lanzado por los linieros ofensivos por primera vez en su vida.

"Estaba como, 'Maldita sea", dijo. "Estar así me hizo darme cuenta de que esto no era una broma."

Cambió su mentalidad, y a partir de ahí todo comenzó a caer en su lugar. Prestó atención en las reuniones. Empezó a perder peso. Se entrenó en el gimnasio con más intensidad. Empezó a estudiar. Estudiaba video más de cerca.

Y también comenzó a aprender a jugar a football a un nivel superior. Estaba averiguando cómo quitarse bloqueos y vencer a los linieros.

"Fue entonces cuando empecé a enamorarme del football de verdad", dijo Kinlaw.

Una oportunidad para una nueva vida

Cuando Kinlaw se termina sus alitas y papas fritas, se inclina hacia atrás hasta donde su cuerpo le permite. Su pierna derecha está estirada sobre el pasillo.

Le gusta quién es ahora, en un lugar de su vida que no vio venir "en un millón de años". Planea construir un refugio para personas sin hogar con el dinero que gane en la NFL, así como cuidar de su propia familia.

El 25 de marzo de 2019, Kinlaw se convirtió en padre de Eden Amara. Ahora quiere ser el padre que nunca tuvo.

"Por eso trabajo duro, la razón por la que pongo mi alma en esto", dijo. "Porque algo así puede afectarte”. "Sólo quiero que tenga una infancia divertida, que no tenga que preocuparse por cosas de las que no debería preocuparse una niña".

Kinlaw ahora puede proveer eso. Tuvo 35 tacleos y seis capturas durante su temporada senior. El entrenador de línea defensiva de Carolina del Sur, John Scott, un asistente defensivo de los Nueva York Jets en 2015 y 2016, le ha dicho a Kinlaw que podría ser mejor que Leonard Williams, quien fue selección de primera ronda en 2015.

"Es un gran ejemplo de no dejar que tus circunstancias definan quién eres", dijo Muschamp. "Un ejemplo increíble de eso. El tipo perseveró, trabajó, era un ciudadano ejemplar cuando estaba aquí, hizo todo lo que le pedimos que hiciera". Está muy lejos de tener que hervir el agua del vecino para poder darse una ducha.

"Cada año, algo sobre quién soy cambia", dijo Kinlaw. "Todos los años. ¿Ves cómo te hablo así? Si esto fuera hace tres o cuatro años, no estaría hablando contigo. Probablemente pensaría que estarías engañándome o algo.

"Mi vida ya está cambiando. Realmente no sé cuánto más va a cambiar, pero ya está cambiando".