Las Flechas de Plata llegaron a Melbourne como favoritos en el arranque de la temporada de F1 y se quedaron con la primera hilera de partida. Kimi Antonelli se recuperó de la destrucción de su auto. El resto, a un mundo.
Nadie, absolutamente nadie se sorprendió con el resultado de la clasificación del GP de Australia de Fórmula 1, primera fecha de la 77ª temporada. Que Mercedes liderara el inicio del Mundial estaba más cantado que el Feliz Cumpleaños. Lo decían los pilotos, los directores de equipo, los periodistas, el público… ¿Por qué? Simple: el equipo de Brackley había sacado una ventaja sideral allá por 2014 cuando F1 estrenó la era híbrida. Es cierto, los alemanes tuvieron el reglamento antes que nadie, en una venia de la FIA. La ventaja que lograron se plasmó en la pista con los siete títulos de pilotos, seis con Lewis Hamilton y uno con Nico Rosberg. Entonces, todos imaginaban que en esta segunda etapa de período híbrido, con más preponderancia de la parte eléctrica, otra vez comenzarían arriba. Y nadie se equivocó: George Russell se quedó con la pole en el Albert Park, seguido por su compañero Kimi Antonelli.
Los Toto’s boys jugaron un poco a la escondidas en Baréin, no mostraron todo su rendimiento. Por ejemplo, no realizaron simulacros de carrera, evitaron los stints largos. Sí los realizaron el viernes en ensayos y los rivales se quedaron con la boca abierta. Tampoco se fueron de Sakhir con el mejor tiempo en la combinación de los seis días de ensayos, pero, ¿a quién le importa eso? No entre puntos, no da dinero, no da nada. Entonces, se guardaron todo para Melbourne.
Eso sí, el viernes también se mostraron tímidos, total, eran dos ensayos. Oscar Piastri se fue a dormir con el más veloz del día y los hinchas de Ferrari se codeaban con una buena velocidad demostrada con Charles Leclerc y Lewis Hamilton. Las Flechas de Plata pasaban casi inadvertidas, hasta que llegó el sábado. Y ahí sí se hicieron notar, por lo bueno y lo malo. Aunque lo malo fue genial. A ver, por partes se entenderá.
Russell decidió acelerar en el tercer entrenamiento y le sacó 616 milésimas a Hamilton, el segundo. Y colorín colorado… Pero no todo fue color de rosa para Wolff: Antonelli perdió el auto en la segunda curva y lo destruyó contra el muro. Pero lo rompió todo, todo. El daño era tan grande y el período de tiempo hasta la clasificación era tan poco, que el italiano estaba condenado a largar desde el fondo sin poder girar en qualy. Pero… Los mecánicos hicieron el milagro y llegaron. Con ayuda, es cierto: Max Verstappen se despistó y obligó parar todo con bandera roja. Esos minutitos gratis que regaló el neerlandés fueron clave para que el boloñés saliera a pista. Y así, con el auto recién reparado y sin haber podido probar si las tuercas estaban bien ajustadas (en sentido figurado, claro), el jovencito italiano pasó a Q2.
Y después firmaron el 1-3 en el segundo corte, siempre con el inglés al frente, para llegar a la definición. Y ahí, Russell voló para clavar 1m18s518 y firmar su octava pole en F1. Los autos son definitivamente más lentos que en 2025. Lando Norris celebraba la pole australiana un año atrás con 1m15s096. Menos carga aerodinámica y eso de tener que levantar en las curvas para cargar la batería los hace ir más despacio.
Antonelli quedó segundo, con 1m18s811. Los pilotos de Mercedes fueron los únicos que lograron bajar los 79 segundos. ¿El resto? En Sídney, más o menos. Isack Hadjar se metió tercero con el único Red Bull que estuvo en qualy después del accidente de Max Verstappen en el primer intento de Q1. El francés quedó a 785 milésimas de Russell, mostrando que el motor diseñado y construido por el equipo de las bebidas energizantes es muy bueno, aunque por ahora no alcanza a las Flechas. En las huestes de Milton Keynes deben estar felices, no solo por la unidad de potencia, también porque después de mucho tiempo (desde los tiempos buenos de Checo Pérez) lograron hacer competitivo al segundo auto del team.
Ferrari se conformó con el cuarto lugar de Leclerc (a 809 milésimas), mientras que la dupla de McLaren se quedó con la tercera fila de partida. Oscar Piastri le ganó todo el fin de semana al campeón Lando Norris y partirá quinto. Para Hamilton, el séptimo lugar tiene gusto a poco.
El top ten se completó con los dos Racing Bulls (otra muestra de la buena unidad de potencia de Red Bull), con Liam Lawson en el octavo cajón y Arvid Lindblad, el único debutante de la parrilla, en el noveno. El top ten lo completó Gabriel Bortoleto, en un gran estreno de Audi, aunque el brasileño no pudo girar en Q3 porque su auto se quedó parado en la calle de ingreso a boxes al finalizar Q2.
En condiciones normales, la carrera sería un paseo de Mercedes y todos lucharían por el tercer lugar. Pero en esta nueva era de F1 se vieron muchos problemas de confiabilidad en el fin de semana australiano y la exigencia de los 300 kilómetros seguramente pasará más de alguna factura. En esa esperanza de apoyan los rivales de las Flechas de Plata para la carrera, porque si no ocurre algo de eso, a nadie le va a sorprender verlos en un contundente 1-2.
