¿Qué cambió con respecto a la fecha original de la Copa América?

La Copa América se jugará un año más tarde de lo previsto ESPN.com

Esta Copa América tan accidentada que comenzará el 13 de junio en Argentina ¿y Colombia? debió haberse jugado hace un año, pero la pandemia del covid 19 que alteró la vida del planeta obligó a postergarla, tal como ocurrió con la Euro y muchos otros campeonatos. En estos doce meses las selecciones sudamericanas vivieron diversas modificaciones, más allá de la casi nula competencia internacional. ¿Qué cambió en el fútbol continental y qué tan diferente será la Copa América a como podría haber sido un año atrás? Una pregunta sin respuesta que sin embargo se intentará responder a continuación.

LAS SEDES
Aunque esto podría dejar de ser así en pocas horas, hoy el torneo más antiguo del mundo comenzará en Argentina y concluirá en Colombia, tal y como fue definido en 2019. Para este último país nunca fue fácil acoger un certamen de este calibre. Perdió la Copa del Mundo de 1986 por no haber cumplido los requerimentos de la FIFA y su única Copa América, la de 2001, también tuvo varias dificultades dabido al conflicto armado interno. Hoy, primero el coronavirus y luego las protestas sociales que llevan más de dos semanas han amenazado y aún amenazan su realización.

Hace un año, la situación sanitaria de Argentina era mucho mejor debido al confinamiento decretado de forma temprana en marzo, mientras que no existían las manifestaciones contra el gobierno colombiano. En estos días, Argentina vive su peor momento en la pandemia y, tal como quedó demostrado en los partidos de Copa Libertadores, las movilizaciones populares hacen tambalear la sede. Dos problemas diferentes que podrían derivar en un cambio de escenario del que todavía nadie quiere hablar.

LAS SELECCIONES
Algunas no vivieron grandes cambios y transcurrieron estos tiempos aciagos en la serenidad de la más absoluta quietud. Sus fotos son idénticas a las de junio de 2020. Por el contrario, otras sufrieron terremotos y lucen muy distintas a como lucían hace doce meses.

Podría decirse que Brasil y Argentina, los gigantes regionales y hasta el momento los dos mejores de las Eliminatorias, jugarán su primer partido del campeonato con los mismos nombres que iban a hacerlo en 2020. Lionel Scaloni y Tite vivieron meses de total tranquilidad y en el poco tiempo de trabajo que tuvieron lograron consolidar sus ideas, aunque por supuesto la del brasileño está mucho más afianzada que la del argentino. Lionel Messi y Neymar liderarán a los dos máximos candidatos al título, que llegan sin novedades.

Uruguay está en una situación parecida. Oscar Tabárez es inamovible y sus figuras son las mismas de los últimos años, con algunos jóvenes que se han sumado de gran manera al plantel. Quizás, los resultados en la clasificación, con duras derrotas ante Ecuador y Brasil y un triunfo agónico sobre Chile, podrían generar cierta preocupación por el funcionamiento, aunque nadie duda de la confiabilidad de la Celeste del Maestro.

La imagen de Perú sí cambió un poco, pero no de forma superficial. Ricardo Gareca es el líder incuestionable del último subcampeón, que en 2020 habría jugado con Paolo Guerrero pero sin Jefferson Farfán, sus emblemas históricos. Hoy, el máximo artillero de todos los tiempos de la Copa está todavía en proceso de recuperación y su presencia es una incógnita, más allá de los deseos y la confianza del comando técnico por tenerlo. En tanto, el actual hombre de Alianza Lima llegará con actividad y en buenas condiciones. El Tigre hoy dirige a un equipo menos firme que hace un año, con buenas intenciones pero más problemas individuales. Los días de trabajo pueden ser fundamentales para resolver esos inconvenientes.

Paraguay, con Eduardo Berizzo como entrenador y los gemelos Romero como figuras, no ha vivido cambios significativos. Es un seleccionado consciente de sus virtudes y defectos que ha demostrado que puede traerle complicaciones a cualquier rival. Por su parte, Bolivia y Venezuela también mantienen sus fiosonomías, aunque con menos certezas futbolísticas que la Albirroja. César Farías y José Peseiro se mantienen en sus cargos con la intención de dar la sorpresa, en silencio y sin nombres rutilantes.

Colombia fue uno de los que vivió más tribulaciones en este tiempo. Un año atrás, Carlos Queiroz estaba firme en su cargo, afianzando su idea y con la certeza de que el trabajo comenzado en 2019 empezaba a dar sus frutos, pese a algunos desacoples mostrados en la Copa de Brasil y en los amistosos. Se presentaba como un candidato a ganar el título en casa, por la enorme riqueza individual de su plantel y un trabajo colectivo que entusiasmaba. Sin embargo, las Eliminatorias le dieron un golpe de realidad al equipo. Dos derrotas incuestionables y nueve goles en contra eyectaron al DT portugués y permitieron el regreso de Reinaldo Rueda. Con un entrenador de la casa, los cambios internos serán varios pero aún no se pueden ver, porque el debut será el 3 de junio.

Chile también tiene nuevo director técnico, aunque las razones del relevo fueron diferentes. Rueda se quiso ir a su país y nadie se preocupó demasiado por retenerlo. Entonces, comenzó una búsqueda que duró un tiempo y que finalizó con el arribo del uruguayo Martín Lasarte, un hombre de perfil bajo que conoce al fútbol chileno y buscará relazar a la Roja. Como sucede con Colombia, uno solo puede imaginar las modificaciones que se verán, porque aún no dirigió su primer partido.

La foto de Ecuador sí es muy diferente. Quizás la mayoría de los futbolistas sean los mismos, pero lo más probable es que haya en sus ojos un brillo nuevo, una esperanza renovada. En mayo de 2020, Jordi Cruyff era un seleccionador ausente, con muy poca permanencia en Quito y casi sin conocimiento de sus futuros dirigidos. Se fue en julio, sin haber dirigido ni un partido tras la suspensión de la Copa América a la que había apuntado en un comienzo. En agosto llegó Gustavo Alfaro, quien enseguida le dio orden a un equipo que ya tenía buenos talentos y con él sumó algunos juveniles que no tienen techo. Hoy, la Tri tiene funcionamiento, respuestas individuales y confianza en el cuerpo técnico.