Paternidad y una década en F1, dan a Verstappen una nueva perspectiva

El multicampeón de la F1 transita por una nueva pista en la vida y el reto será compatibilizarla con el deporte


MIAMI GARDENS, Florida. -- Si estás esperando a que Max Verstappen se estrese, se ponga nervioso o, como todos los demás pilotos de la historia del automovilismo, se obsesione con la próxima generación que de repente llenará sus retrovisores, pues bien, puedes seguir esperando. Porque no va a hacer nada de eso.

El viernes por la mañana, el cuatro veces campeón del mundo de Fórmula 1, de 27 años, entró en el paddock del Gran Premio de Miami sin parecer el dos veces ganador de esta carrera ni el vencedor de 64 pruebas de F1. Mientras se abría paso educadamente entre los fotógrafos y los aficionados, nadie diría que acababa de dar la bienvenida a una hija recién nacida.

Y cuando se dirigió a un pabellón en el interior del circuito para conceder una entrevista, nadie diría que lo hacía en medio de rumores sobre su descontento en Red Bull, ya que ‘sólo’ ha ganado una de las cinco carreras disputadas esta temporada y ‘sólo’ ocupa el tercer puesto en la clasificación del campeonato, por detrás de los McLaren de Oscar Piastri y Lando Norris, considerados la nueva generación de este deporte, pero sólo tres y dos años más jóvenes que Verstappen, respectivamente.

No, simplemente parecía un tipo en el garaje, exactamente donde se supone que debe estar, donde ha estado toda su vida, pero ahora con más perspectiva que nunca sobre dónde se encuentra realmente.

“Simplemente intentas hacerlo lo mejor que puedes. No somos el equipo más rápido en este momento. Intentamos ser lo más competitivos posible, pero al final del día, eso no va a cambiar mi vida de ninguna manera”, dijo Verstappen, sin desdén, sino con naturalidad, cuando se le preguntó por los rumores sobre las dificultades que parece atravesar Red Bull, que sólo el día anterior habían llevado al jefe del equipo, Christian Horner, a declarar con frustración: “A veces es difícil entender de dónde salen los titulares”.

En el ambiente siempre al rojo vivo de la parrilla de la F1, el tono discreto del piloto número uno de Christian Horner resulta igualmente difícil de entender para quienes le rodean, sobre todo cuando vuelve a darles una vuelta. Lo mismo ocurre con los miles de millones de personas que consumen este deporte por televisión, ya sea en directo o en reality shows por streaming, y creen saber quién es el verdadero Max. (Alerta de spoiler: él dice que no lo saben y que tampoco le importa).

Pero incluso ahora, cuando escapar con la bandera a cuadros no es tan fácil como antes, de alguna manera su actitud, por muy incomprendida que sea, se ha vuelto más relajada.

“Vengo aquí, hago lo mejor que puedo, me voy a casa, hago otras cosas; luego voy a la siguiente carrera, intento hacerlo lo mejor posible y vuelvo a casa”, dice encogiéndose un poco de hombros. “Así que, para mí, no hay mucha presión extra ni nada por el estilo. Cuando estoy en casa, no pienso: ‘¡Oh, estoy tercero en el campeonato, tengo que hacer algo!’ O ‘¡¿Qué puedo hacer?!’. Con la experiencia que has acumulado a lo largo de los años, sabes lo que hay que hacer y lo que no. Y también divides tu energía en otras cosas que sabes que también forman parte de tu vida. Porque, al fin y al cabo, la Fórmula 1 no es toda tu vida. Es sólo una pequeña parte”.

La interpretación más fácil de esta declaración es que se trata de la voz de un padre primerizo, cuya neuroquímica ha cambiado instantáneamente con la llegada de su primera hija, Lily, nacida esta semana en Mónaco, fruto de su relación con su novia Kelly Piquet.

Pero sus rivales saben que no es así. La tranquilidad de Verstappen no es nada nuevo. Siempre ha contrastado con su temperamento agresivo en la pista, aunque incluso quienes lo conocen bien han notado un cambio en su tono, ahora más moderado. Una tendencia que ya parecía estar acelerándose apenas 24 horas antes del nacimiento de Lily.

Véase: Una pregunta que se inclinaba un poco hacia ese tema que tanto irritó a Christian Horner el jueves. ¿Cuánto tiempo más va a seguir Verstappen con esto? No es posible que sea como su amigo Fernando Alonso, que sigue compitiendo a los 43 años, cuando se acerca el vigésimo aniversario de su primer título de F1, ¿verdad?

“No”, respondió Verstappen a esa idea, riendo.

“Tengo contrato hasta 2028, así que seguro que hasta entonces, después de eso, también dependerá un poco de los proyectos que haya o no, de si son interesantes o no”, dijo el propietario de equipos de GT3, rally y carreras virtuales. “Después de ganar mi primer campeonato [en 2021], todo lo que venga después es un extra, y así es como lo veo”.

“Lo haré mientras lo disfrute y pueda identificarme con el deporte como quiero. Mientras lo disfrute, de verdad, eso es todo. Disfrutarlo. Y, ya sabes, sentirme bien dejando atrás a la familia”.

Véase también su disposición a elogiar al líder del campeonato, Oscar Piastri, que cumplió 24 años el mes pasado y ha ganado tres de las cinco carreras de este año y las cinco victorias de su carrera en los últimos nueve meses.

Tras terminar segundo detrás del australiano en Arabia Saudita, Max Verstappen comentó de Oscar Piastri: “Es su tercer año y es muy sólido. Es muy tranquilo en su enfoque y eso me gusta. Se nota en la pista. Da lo mejor de sí mismo cuando tiene que hacerlo, apenas comete errores, y eso es lo que se necesita cuando se quiere luchar por un campeonato”.

Por si no estás familiarizado con el mundo de los pilotos de carreras, ¿alabar a alguien con quien estás luchando por el campeonato? Sí, no es muy habitual. Pero también es señal de un piloto que, no hace mucho, era un joven novato que se colaba en las fiestas de los veteranos, y ahora es él mismo un veterano sabio.

“Cuando la gente me hace una pregunta y quiero responderla, lo hago a mi manera, y siempre soy sincero, abierto y bastante directo, supongo. Pero así soy yo”, subraya Verstappen.

“Tengo mucho respeto por los jóvenes que también se han incorporado a este deporte, y Oscar está haciendo un gran trabajo, y no creo que haya que intentar ocultarlo. No es una debilidad. Además, para mí, no importa si se habla bien o mal de alguien. De todos modos, eso no va a cambiar mi forma de afrontar el fin de semana de carrera, ¿no? Pero ya sabes, se puede dar crédito cuando se merece”.

Como joven piloto que se convierte en leyenda, también recuerdas a aquellos que fueron buenos contigo en su día. Y recuerdas muy bien a los que no lo fueron, ¿verdad?

“Ya sabes, muchos pilotos que siguen en el paddock o cerca de él, creo que es bonito, ¿no? Cuando construyes una buena relación entre los pilotos”.

Si eso suena como un abrazo grupal, como una repentina falta de instinto asesino, entonces se lee mal. Al escucharlo en voz alta, sigue sonando como Max Verstappen, el tercer piloto con más victorias en los 75 años de historia de la Fórmula 1. El hombre que sólo está por detrás del trío sagrado de la F1, Lewis Hamilton, Michael Schumacher y Juan Manuel Fangio, en cuanto a campeonatos ganados.

Sólo que ahora suena como un hombre que ha descubierto lo que tantos otros en su profesión nunca han logrado: el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Un hombre al que hemos visto crecer ante nuestros ojos, decidido a encontrar la configuración personal perfecta, tal y como ha hecho con tantos coches de carreras a lo largo de los años.

“Ya llevo mucho tiempo pensando en ello”.