Stirling Moss, la leyenda con corona

Su grandeza volvió al dato estadístico apenas un detalle. Nunca fue campeón mundial. No se notó. Sir Stirling Moss según el título conferido por la reina Isabel II en 2000 trascendió las carreras y el automovilismo hasta transformarse en una leyenda del deporte británico de posguerra.

Su vida, que concluyó a los 90 años según anunció Susie, su tercera esposa, estuvo repleta de matices novelescos. Fue el hijo mayor de un prestigioso odontólogo, Alfred, quien mientras se formaba en la Universidad de Indiana compitió en las 500 Millas de Indianápolis de 1924 -concluyó 16°-, y de la escocesa Aileen Craufurd, lejana descendiente de William Wallace, el soldado que a fines del siglo XIII luchó contra la ocupación inglesa en la primera guerra de Independencia de Escocia, y que fue interpretado por Mel Gibson en la película "Braveheart".

Aileen fue quien eligió llamarlo Stirling, como el pueblo en el que ella había nacido. Los Moss tuvieron también una hija, Patricia Ann (Pat), quien a los 11 años aprendió a conducir gracias a las enseñanzas de su hermano mayor y fue una exitosa piloto internacional de rallies fallecida en 2008 luego de haber padecido un cáncer.

Concluida la Segunda Guerra, Moss se convirtió en una de las banderas del resurgimiento británico. Había comenzado compitiendo en trepadas y rallies en 1947 con un BMW 328 y al año siguiente, ya con un Cooper MkII-JAP 500 cc. de Fórmula 3 llegaron las primeras victorias.

En 1950 se convirtió en profesional con HWM pero sufrió su primera lesión: se fracturó una rodilla en Nápoles. Sin embargo, volvió dos semanas después y terminó ganando el Tourist Trophy en Dundrod con el Jaguar XK120 de Tommy Wisdom. Su llegada al naciente Campeonato Mundial de Fórmula Uno se dio de manera natural: terminó octavo en su debut, en el Gran Premio de Suiza de 1951, luego de que su HWM-Alta se quedara sin combustible justo sobre la línea de llegada.

Aunque ya había mostrado sus credenciales, Mercedes-Benz lo creyó algo joven -aún tenía 24 años- y no lo incluyó en su nuevo equipo en 1954. Moss, al mando de una Maserati 250F, siguió impresionando y Alfred Neubauer terminó convocándolo para que fuera compañero de Juan Manuel Fangio en 1955 tanto en Fórmula Uno como en sport.

El inglés y el argentino formaron una dupla memorable. Moss consiguió entonces su primera victoria, en el Gran Premio británico de ese año, en Aintree. Antes de aquella carrera, el equipo le había hecho saber a Fangio, ya coronado tricampeón, la importancia de que el inglés ganara en casa y con un coche alemán. Ante su ambigua respuesta, creyó el Chueco, los mecánicos colocaron una multiplicación más larga que la necesaria en su Flecha de Plata pese a lo cual Fangio terminó bien cerca del triunfador Moss.

El británico logró también ese año un épico triunfo con el Mercedes-Benz 300SLR en las tradicionales Mille Miglia. Luego del retiro del constructor alemán de las carreras, Moss volvió en 1956 a Maserati pero como piloto oficial. Ganó en Mónaco y en Italia. Al año siguiente unió fuerzas con un emblema británico, Vanwall, y obtuvo victorias en Silverstone (reemplazando en el W5 a su compatriota Tony Brooks), Pescara -le sacó más de tres minutos al flamante quíntuple campeón Fangio- y Monza.

Con el argentino dispuesto a correr apenas un puñado de Grandes Premios en 1958, Moss, ya tres veces subcampeón del balcarceño pero 18 años más joven, se encontró ante la gran posiblidad de lograr su primer campeonato del mundo. Hacía unos meses se había casado por primera vez. El inglés había desposado a Katie Molson, heredera del emporio cervecero canadiense que lleva su apellido y Fangio le había regalado un reloj que tenía grabada la frase: "Al futuro campeón mundial".

Pese a que logró cuatro victorias en 1958 y contribuyó notablemente para que Vanwall lograra el primer título de Constructores en la historia de Fórmula Uno, Moss tampoco pudo ser campeón. Aquel año arrancó con el triunfo en la Argentina: como Vanwall no mandó sus autos a Buenos Aires, liberó a Moss para que compitiera con el equipo privado de Ron Walker. El inglés terminó obteniendo la primera victoria de un vehículo con motor trasero en el Campeonato Mundial: venció con el Cooper T43-Climax.

Aunque ganó el 40% de las competencias del calendario, la falta de confiabilidad impidió que se alzara con el título, que quedó en manos de Mike Hawthorn, quien sólo triunfó en Francia, terminó ganándole el campeonato por un punto y se transformó en el primer inglés campeón mundial. Moss había tenido un gesto de gran caballerosidad deportiva en Portugal, donde Hawthorn -segundo en pista- había sido inicialmente desclasificado por una infracción deportiva que Moss consideró injusta y por eso acompañó la decisión final para que fuera reclasificado.

Si se hubiera mantenido la pena inicial en Oporto, Moss habría sido el campeón de 1958. La pérdida de aquel Mundial, diría después, resultó una suerte de ayuda para no volver a preocuparse excesivamente por el título. Sin embargo, su nivel no decreció. Continuó ganando carreras -alcanzó 16 victorias en 66 participaciones y aún hoy ostenta el récord como el piloto con más triunfos que jamás fue campeón- y terminó tercero en las temporadas de 1959, 1960 y 1961.

Sus excepcionales triunfos ese último año en Mónaco y Nürburgring, donde venció con su Lotus-Climax a las poderosas Ferrari, figuran como antológicas referencias de manejo. Su campaña deportiva terminó abruptamente en abril de 1962, antes de que cumpliera 33 años. Un despiste con el Lotus 18-Climax en la curva St. Mary de Goodwood mientras corría el Glover Trophy lo dejó 32 días en coma con heridas en la cabeza y con el cuerpo semiparalizado durante seis meses. Su recuperación total demandó un año y entonces decidió el retiro.

Más tarde, en 1964, se casó con Elain Barberino, con quien tuvo a su hija Allison. Con Susie, su última esposa, estaba casado desde 1980 y fueron padres de Elliot. Moss se había recuperado de un agresivo cáncer de próstata que había sido detectado justo a tiempo en enero de 2001. Enfrentó a la muerte otra vez en febrero de 2010, ya con 80 años, cuando cayó tres pisos por el hueco del ascensor en su residencia en Mayfair. Esa vez padeció la fractura de cuatro vértebras y se dañó tobillos y pies.

En enero de 2017 debió ser hospitalizado en Singapur debido a una infección respiratoria. Recién pudo volver a Inglaterra varias semanas más tarde y decidió entonces no hacer más apariciones públicas. Su extraordinaria vida terminó apaciblemente en su casa, según comentó Susie. El campeón sin corona, como se lo conocía, ya es leyenda.