Los Balones Sueltos: la NFL no consigue que sus jugadores se vacunen contra COVID-19

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Con la llegada de Julio Jones que se suma a AJ Brown, los expertos analizan cuál es la mejor pareja en la posición. (2:14)

En 'Los Balones Sueltos' de la semana, charlamos acerca de los jugadores no vacunados, Aaron Rodgers ausente, la recompensa por Julio Jones y la expansión a 12 equipos del College Football Playoff

Arrancamos el día de hoy con este nuevo espacio denominado 'Los Balones Sueltos', donde la intención es tomar los temas de la semana que quizás no siempre podemos comentar en una columna de opinión formal, ya sea por el tema o por otras cuestiones.

En lugar de solamente dejar los comentarios sueltos en redes sociales, los pasamos aquí para no perderlos de vista.

Sin mayor preámbulo, arrancamos con algunos de los temas que acapararon titulares en la semana:

¿Por qué los jugadores de la NFL no se quieren vacunar?

La liga ha informado a los equipos que, una vez que el 85 por ciento de sus jugadores estén vacunados, podrían regresar a un status casi igual al que regía previo a la pandemia de coronavirus. Aunque algunos equipos han reportado el 100 por ciento de sus coaches y empleados de staff vacunados, la tasa de vacunados entre jugadores sigue siendo baja.

"Hay una tonelada de cosas diferentes que pesan en ello", dijo Sam Darnold de los Carolina Panthers, de acuerdo a TheAthletic.com. "Voy a evaluarlo por mi cuenta y tomaré la que sienta es la mejor decisión para mí".

En el Washington Football Team, el head coach Ron Rivera enlistó la ayuda de una inmunóloga de Harvard, Kizzmekia Corbett, una de las mayores especialistas a nivel mundial en el tema de la vacuna para hablar con los jugadores. Con todo y eso, el liniero defensivo Montez Sweat dijo que no se vacunará "hasta tener más información. No soy fan de ello. No me ha dado COVID, así que no me veo tratando el COVID hasta que de hecho me dé COVID", de acuerdo a John Keim de ESPN.

Bruce Arians, head coach de los Tampa Bay Buccaneers, lo dejó muy en claro, señalando que "Si quieren regresar a la normalidad, vacúnense", de acuerdo a Jenna Laine de ESPN, en un día en que el equipo tuvo una campaña de vacunación para jugadores y familiares.

Aunque no es del todo sorpresivo leer o escuchar esta clase de comentarios en torno a la vacuna, toda vez que son un reflejo de una sociedad que vive una grave crisis de desinformación, sí llama la atención que, al menos en la NFL, tratamos con un 99.99 por ciento de jugadores que cursaron al menos tres años de educación superior, es decir, un porcentaje mucho mayor al de la sociedad en general.

Aunque la NFL ha manifestado que no obligará a los jugadores a vacunarse, dejando abierta la puerta a excepciones por razones médicas --completamente comprensible-- o religiosas --menos entendible, aunque eso es para un debate en otro momento y en otro lugar--, el objetivo de la liga es claro en el sentido de fomentar las vacunas para poder regresar a un estado de operaciones que permita reducir al máximo los riesgos de contagios. Con ello, se reducirían las probabilidades de partidos con aforo reducido --la NFL espera jugar todos sus partidos con estadios llenos en el 2021-- y/o partidos demorados o cancelados.

Finalmente, solo como comentario al margen, hay que preguntarse cuánta información más requieren Darnold, Sweat y otros en la liga. Sobre todo, si aún no se entiende a la vacuna como medida de prevención, no de tratamiento de la enfermedad, después de año y medio de pandemia.

¿Cuánto debe preocupar realmente la ausencia de Aaron Rodgers con los Green Bay Packers?

Depende. En el ámbito deportivo, realmente nada. No solamente estamos hablando del Jugador Más Valioso reinante, sino del quarterback que ha jugado el último par de años bajo el mismo sistema ofensivo para conducir a los Packers hasta el Juego de Campeonato de Conferencia en ambas ocasiones. Además, fuera del centro Corey Linsley, cuya pérdida no puede menospreciarse, regresa con la mayoría de su ataque intacto. Incluso, Rodgers está evitándose el riesgo a una lesión que, aunque improbable, siempre existe (si no, pregunten a los San Francisco 49ers).

Por si fuera poco, Jordan Love está recibiendo la mayoría de repeticiones con la ofensiva de primer equipo, y a juzgar por lo poco que se ha visto de él en sesiones de entrenamiento pasadas, son oportunidades que le urgían al joven pasador.

En el ámbito financiero, tampoco demasiado. Sí, Rodgers probablemente será multado con poco más de 93,000 dólares por no asistir al minicampamento, pero después de renunciar a su bono de 500,000 dólares por no asistir a las sesiones voluntarias, ya no es demasiado para un jugador que, de acuerdo a BusinessInsider.com se ha embolsado 240.9 millones de dólares a lo largo de su carrera, la octava mayor cantidad en la historia del juego.

En el ámbito de la disputa por el poder contra la directiva de Green Bay, ahí es otra cosa. Más que tener a Rodgers en el campo de prácticas, se trata de tenerlo allí, obediente, para los Packers. Para el quarterback, ausentarse es intentar imponer su voluntad sobre una gerencia que insiste en no canjearlo.

¿Está completamente fracturada la relación entre Rodgers y los Packers? Para ser honesto, no lo creo. Creemos que todavía hay posibilidades no tan lejanas de ver al N° 12 lanzando pases en Lambeau Field. El camino más directo hacia ello sería con una nueva extensión de contrato. No, no se trata del dinero, según ha demostrado Rodgers en los últimos días, pero un nuevo convenio donde el equipo incluya una buena cantidad de dinero garantizado al quarterback para reafirmar su compromiso para el siguiente par de años podría ser lo que se necesita. Ya no hay dinero garantizado en el contrato de Rodgers, y esa podría ser la clave para enmendar la relación.

¿Los Atlanta Falcons vendieron barato a Julio Jones?

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Julio Jones ya se entrena con los Titans

El receptor llegó en un canje al equipo de Tennessee y ya luce el su nuevo número.

Una selección de segunda ronda del 2022 y de cuarta ronda del 2023 a cambio del receptor abierto más dominante de la última década suena francamente a poco. Eso sin tomar en cuenta que los Tennessee Titans también recibirán una selección de sexta ronda del 2023.

En esta nota, varios expertos de ESPN están de acuerdo en que, dado el momento en que ocurre el movimiento, era difícil esperar que los Falcons consiguieran más. No hay modo de argumentar en contra de eso, es verdad. Pero, ¿por qué se da el canje hasta ahora?

Seguro, Atlanta se encuentra en posición apretada contra el tope salarial, pero no es algo que haya sucedido recién. Al inicio del nuevo año de la liga, en marzo, había tres equipos con situaciones mucho peores a la de los Falcons, incluyendo los New Orleans Saints, que en algún momento estuvieron excedidos por cerca de 100 millones de dólares.

Por si fuera poco, reportes recientes indican que fue en marzo cuando Jones comunicó a la nueva gerencia, dirigida por Terry Fontenot, que deseaba salir de Atlanta. En ese momento, había un mayor número de equipos con espacio bajo el tope salarial suficiente para absorber el salario de Jones, estaba el draft por delante y, quizás, hubiera sido posible crear competencia entre dos o más interesados.

Las selecciones de draft nunca son tan valiosas como justo antes del draft, cuando hay certeza en el número de selección. Por ahora, no sabemos cuál va a ser la recompensa final, hasta que no sepamos el orden de draft del 2022 y 2023, y no es lo mismo la primera selección de la segunda ronda que la última. Un canje al inicio de la apertura del mercado abierto hubiera dado certeza a Atlanta y, probablemente, selecciones del 2021 que podrían haber sido invertidas de inmediato para cubrir la salida de Jones.

¿Un precio más justo? Quizás dos selecciones de segunda ronda hubieran sido posibles.

De cualquier modo, los Titans pasaron de Corey Davis a Jones en su alineación titular, y al precio que pagaron, debe considerarse una de las grandes victorias de receso de temporada.

Dak Prescott pidió ayuda a la prensa

Prescott --con todo y sus Jordan nuevos-- se declaró oficialmente de regreso después de su dramática sesión de la pasada temporada con una frase muy puntual: "He enterrado la lesión", según reportó Todd Archer de ESPN.

Además, en la misma sesión, dijo otra frase que puede entenderse como una pequeña solicitud.

"Y pienso que ustedes y muchas personas al mi alrededor me deben ayudar a enterrarlo también, para seguir adelante", expresó, también de acuerdo a Archer.

En otras palabras, fue algo así como "Agradecería amablemente que no me estuvieran preguntando sobre mi tobillo lesionado todos los días de mi vida".

Comprensible, sin duda.

¿Por qué expandir el College Football Playoff a 12 equipos

La respuesta obvia: dinero.

Ya hemos escrito acerca de lo que pensamos acerca del formato actual del CFP en piezas previas, y nuestra preferencia por un modelo sin playoffs, al estilo de la vieja escuela, pero está claro que el deporte colegial nunca va a regresar a ese formato.

A pesar de eso, tampoco hay grandes argumentos deportivos para expandir de cuatro a 12 equipos, parece.

Empezando por el hecho de que se sigue restando relevancia a los tazones que no participan en la fiesta, el aumento de casos de jugadores que van a desmarcarse de jugar esos tazones con sus equipos --una tendencia que ha aparecido en campañas recientes--, las palizas que desafortunadamente vamos a ver en instancias de cuartos de final, y el hecho de que las grandes potencias lideradas por Alabama, Clemson y Ohio State van a seguir siendo los protagonistas más relevantes.

Claro, puede haber algún programa que se escape por ahí hasta una instancia semifinal, sobre todo ahora que el formato permitirá a los programas de todas las conferencias el acceso al playoff, pero, ¿realmente alguien cree que un mid-major puede sorprender y llevarse una llave de 12 equipos desde un punto bajo de la siembra?

Hay un cierto romanticismo que existe en los torneos deportivos que coronan al que, de principio a fin, ha sido el mejor, y cuando la última jornada es necesaria para definir al campeón entre dos o más entidades, nadie puede negar la emoción que hay en seguir dos o más partidos. LaLiga de España fue un buen ejemplo este año, y el fútbol americano colegial de División I-A lo solía ser. Incluso, el formato de enfrentar al N° 1 contra el N° 2 era más defendible, en nuestra opinión. El método de selección quizás no era perfecto, pero también estaba menos expuesto a subjetividades, como ahora. Antes, una encuesta de medios dedicados, otra de coaches, y un tercer criterio con base en una serie de algoritmos --con pesos específicos cambiantes a lo largo de los años-- determinaron a los dos mejores programas. La polémica surgía --no siempre--, cuando un tercer equipo se sentía con argumentos para pelear ese segundo puesto en los rankings. Un ejemplo clásico eran los años cuando terminaban tres equipos con marca invicta.

Ahora, un comité formado por 13 personas, todas con vínculos a equipos que participan, deciden a los cuatro mejores equipos y su orden. Naturalmente, la posibilidad de la polémica crece al duplicar el número de equipos. Es decir, ya no se lidia con casos de tres equipos invictos, pero sí se pueden presentar casos de, digamos, dos equipos invictos y otros cinco con una derrota. En otras palabras, la última plaza disponible se pelea entre más programas.

Imaginemos cuántos equipos diferentes podrían tener la misma marca, en busca de esos puestos N° 11 y N° 12 por la disputa del CFP. En lugar de facilitar el proceso, simplemente se multiplicarán los casos de equipos con argumentos para ocupar uno de esos últimos puestos, quedando fuera. Abrir la puerta a 12 participantes de postemporada no es realmente ninguna solución para una liga con 130 escuelas, en tanto los calendarios sigan siendo tan dispares.

Imaginemos ahora a un equipo invicto de Alabama que llega al Campeonato de Conferencia de la SEC y pierde. ¿Realmente necesitamos ver a ese equipo del Tide humillar a un programa de 8-4 de la Pac-12 en Tuscaloosa para acceder a la semifinal?

Después de la resolución de hoy, será casi imposible dar marcha atrás, pero nunca está de más recordar que más no siempre significa mejor.