El GP 2015 de Estados Unidos, una de las grandes vergüenzas de la Fórmula 1

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Stirling Moss habla de toda la F1 (3:02)

Moss y Hamilton, dos leyendas conversan sobre el deporte que los une. (3:02)

La Fórmula 1 ha vivido, en 70 años de historia, días de los que no quisiera acordarse. Van desde trágicos fines de semana, hasta vergonzosas jornadas donde por lo regular la política y las decisiones extradeportivas han dado al traste con algún Gran Premio.

Uno de esos pasajes para el olvido, tal vez el más bochornoso, se dio el 19 de junio de 2005 en el Gran Premio de los Estados Unidos que se correría en el circuito de Indianapolis, trazado dentro del Óvalo Sagrado del Indianapolis Motor Speedway (IMS).

Eran todavía los tiempos de Bernie Ecclestone como mandamás de la F1, de Max Mosley al frente de la FIA (Federación Internacional del Automóvil) y cuando todavía el yerno de Toni Hullman, Tony George regenteaba el IMS.

Una época en que todavía reinaba Michael Schumacher en la F1 luego de ser campeón, por séptima vez, en 2004, pero donde ya Renault con Fernando Alonso reclamaba el dominio del Gran Circo.

En 2000, la F1 volvió a Indianapolis luego de 40 años y se establecía como un destino ideal para el aficionado, que en un mismo autódromo podía disfrutar de la carrera de carreras, las 500 Millas de Indy en mayo, y tres semanas después de un GP de F1.

Eran cinco ediciones existosas en fila, hasta que en 2005 el caos envolvió la pista cuando el hermano menor de los Schumacher, Ralf, tuvo un fuerte accidente durante las prácticas del viernes 17 de junio.

La causa del percance había sido la destrucción del neumático trasero izquierdo del monoplaza Toyota, al tratar de virar en la curva 13, la misma que sería la curva 1 del óvalo durante Indy 500, pero en sentido inverso.

La goma Michelin simplemente no podía resistir la presión de una curva de alta velocidad y alto peralte, algo inconcebible e imperdonable para la marca francesa que proveía llantas a siete de los 10 equipos que disputaban el campeonato. Los otros tres: Ferrari, Minardi y Jordan usaban Bridgestone.

Los neumáticos, a decir de Michelin, no podían aguantar más de 10 vueltas en la configuración normal de la curva y pedían que se pusiera una chicana, desviación para reducir la velocidad, entre las curvas 12 y 13, algo a lo que el director de carrera Charlie Whiting se negó por no ser algo probado con antelación, además de ser una medida que afectaba a los tres equipos que usaban Bridgestone.

Entonces se dio una junta para decidir, donde Michelin y FIA, no sin antes mucho jaloneo, acordaron la chicana, pero uno de los tres equipos con Bridgestone acabó con la concordia. Sí, fue el que pensaste, Ferrari con su director Jean Todt no dio su visto bueno, esto era un problema de FIA y Michelin, no suyo, así que él no cedería. Luego Todt dijo que no se negó, pero que lo habría hecho si le preguntaban.

La voz de Mosley, quien no estaba en el circuito fue, claro, en apoyo a Ferrari y dispuso que si se modificaba el trazado de 4 mil 192 metros, se cancelaría la carrera.

Jordan se alineó con Ferrari para competir. Minardi bajo "amables" recomendaciones de Bridgestone y Mosley, lo hizo también.

Llegó la hora de la arrancada el domingo, las tribunas a reventar y no hubo una resolución satisfactoria. Los equipos afectados por las gomas Michelin: Toyota, Renault, BAR, Red Bull, McLaren, Sauber y Williams todavía pedían la cancelación de la carrera pero hicieron la formación, con los tres "esquiroles".

Se empezó la vuelta de formación, ante el rugido de los emocionados pobladores de las gradas, pero justo antes de la curva 13, los siete de Michelin se retiraron a los fosos. Sólo seis autos en la pista, algo insólito y rídiculo, una vergüenza para el deporte.

La gente enfurecida arrojaba objetos a la pista y abucheaba con mucha razón. Habían pagado por ver un Gran Premio de Fórmula Uno y frente a ellos se representaba una mala broma, un penoso caso donde el egoísmo e intereses económicos dominaron a una FIA incapaz de meter en cintura a 10 equipos.

Un insulso y ridículo espectáculo, donde encima de todo, Rubens Barrichello cedió el primer lugar a Michael Schumacher y acabó con un podio inédito: Schumi, primero; Rubinho, segundo y un eufórico Tiago Monteiro, de Jordan.

No se discute que el único podio en la historia para un portugués fuera motivo para sonreír, pero mientras los Ferrari se retiraron silenciosamente y sin aspavientos, Monteiro daba pena ajena cuando rociaba champaña y brincaba como si hubiera tenido algún mérito por tener un trofeo en las manos, cuando en realidad había sido el 17 de 20 en la calificación.

La resaca de este capítulo de estúpida ebriedad de poder en Indianapolis fue poco, aunque se suponía que castigarían a los equipos que se negaron a competir en aras de la seguridad de sus pilotos, no hubo sanción.

Los afectados fueron los fans, a quienes se les retribuyó con entradas gratis para el GP de Champ Car en Cleveland, con el reembolso total del precio de sus boletos, esto por parte de Michelin y también 20 mil 000 entradas para el GP de F1 de 2006 para los que renovaron su suscripción al evento.

Del Indygate se derivó indirectamente que Michelin dejó la F1 en 2006 y que el GP en el IMS tuvo su última edición en 2007, pero también marcó la única victoria de Schumacher en 2005 y último podio de Barrichello con Ferrari.

Obviamente nunca antes un piloto indio había ganado tantos puntos con el cuarto lugar de Narain Karthikeyan y fueron los últimos puntos en la historia de Minardi, que como Jordan, desapareció al final de esa temporada.

La F1 se reconciliaría con Estados Unidos en 2012, cuando entró al rescate de su buen nombre el GP de Austin.