Max Verstappen y su loca semana: tres autos y en tres clásicos con historia

El neerlandés llegó a Suzuka para la tercera fecha de F1 con su Red Bull, pero llega con las muñecas bien calientes después de seis días de pura actividad.

Si pudiera, Max Verstappen se subiría a un auto de carreras todos los días. Y para muestra sobre un botón: la última semana. Cuando este viernes el neerlandés se suba al RB22 de Red Bull para comenzar la actividad del GP de Japón, tercera fecha del recortado ejercicio 2026 de Fórmula 1, el tetracampeón girará con el tercer auto en tres pistas diferentes en los últimos seis días. El periplo del neerlandés incluyó, como si fuera poco, escenarios míticos y llenos de historia grande.

Todo comenzó el sábado 21 nada menos que en Nordschleife, el circuito largo de Nürburgring, bautizado por Jackie Stewart como el Infierno Verde. En ese trazado, Juan Manuel Fangio lograría su último triunfo y el quinto título en Fórmula 1 en 1957, en un GP de Alemania que quedó escrito con tinta ideleble entre los capítulos más espectacualares de la historia del Mundial e inmortalizada en la estatua del Chueco en el trazado. Allí también se vivió el terrorífico accidente de Niki Lauda en 1976, la última vez que la máxima categoría utilizó el Nordschleife. El sábado pasado, Verstappen corrió allí la segunda fecha del NLS (Nürburgring Langstrecken-Serie).

Max tiene un viejo anhelo: correr las 24 Horas de Nürburgring y, para eso, además de tener que rendir le examen del Infierno Verde para tener la licencia habilitante, también es bueno sumar kilómetros en competencias. Y el sábado pasado ganó con un Mercedes-AMG GT3 que compartió con Dani Juncadella y Jules Gounon en la carrera de cuatro horas, aunque luego fue excluido porque el equipo (que cuenta con apoyo oficial de la marca de la estrella) utilizó un juego de neumáticos más de los habilitados a lo largo de todo el día (incluye la qualy y la competencia). Pero quién le quita lo bailando a Max, quien giró en ese trazado de casi 23 kilómetros con el Mercedes V8, de 6.3 litros y 550 caballos.

Pero Max fue por más. El miércoles 25, cuatro días después de correr con el Mercedes, el piloto de Red Bull se dio una vuelta por el Monte Fuji, Japón, otro trazado que vaya si tiene historia grande también. La Fórmula 1 lo visitó tan solo cuatro veces, emplazado al pie de un monte y diseñado por Stirling Moss, compañero de Fangio en los años de Mercedes en la década del 50. La lluvia es casi siempre protagonista en la pista japonesa y la definición del Mundial de 1976 puede dar fe. Allí fue donde Lauda, 84 días después de estar al borde de la muerte en el Infierno Verde, decidió abandonar ante la inseguridad que entregaba la pista de Fuji bajo un diluvio imponente y le dejó a James Hunt el título servido en bandeja. Si habrá sido histórico todo eso que el cine lo llevó a la pantalla. En 2007, en la tercera visita de F1 a Fuji y la primera después 30 años de la anterior, el auto de seguridad comandó al pelotón durante las primeras 19 vueltas de carrera porque la lluvia no dejaba las condiciones mínimas para correr.

Allí, Max, con lluvia porque Fuji de otra manera parece no existir, giró con un Nissan Z NISMO GT500 decorado con el logo de Red Bull. El auto participa del torneo Super GT japonés y tiene un motor turbo de cuatro cilindros, de dos litros y 550 caballos, que empujando los 1.020 kilos de peso, supera los 300 km/h. Dos coches de turismo, en dos trazados diferentes, llenos de historia y con cuatro días de diferencia. Eso marcó la agenda de Max Verstappen.

Este jueves, el neerlandés ya estaba en Suzuka para trabajar con el equipo Red Bull de F1 y pasar por la atención a la prensa. Desde el viernes deberá manejar en la pista donde se quedaron por siempre en el recuerdo los duelos de Ayrton Senna y Alain Prost. El escenario donde el recordado brasileño conquistó sus tres coronas o donde el mismo Max sentenció su segunda. El mismo lugar en el que Michael Schumacher sumó su primera estrella con Ferrari. Allí cerrará Verstappen su semana, claro, con el auto que menos lo divierte bajo la nueva normativa técnica que entró en vigencia este año en F1. La diversión, según él mismo lo confesó varias veces, hoy por hoy la tiene en otros autos. Por eso, no para se acelerar cuanto coche puede y en los lugares más históricos. Así es Max.